martes, 18 de junio de 2013

Capítulo 1

-Prólogo-

Para conocer quien soy ahora primero tienes que conocer quien era antes de que haya perdido a mi familia, a mis amigos... antes de haberlo perdido todo. Mi nombre solía ser Edwar Von Thompson, hijo del abogado cuyo apodo era "El abogado de la Santa Aureola" Jhon Von Buckerberg, por no cometer actos de corrupción, y de Martha Thompson. A la vez era el hermano de Victor Von Thompson, una familia de 4 integrantes que vivían en una mansión grande y elegante, eramos una familia que, a simple vista, era perfecta teníamos dinero, todos vivíamos en armonía y ayudábamos a lo que lo necesitaba...

Pero no todo era de color rosa, había una gran mancha en la familia, una mancha que se dio de generación

en generación, una mancha que se convirtió en una tradición. Los otros integrantes de mi familia, primos, tíos y abuelos estaban metidos en la "narcotraficación", ganaban mucho dinero y era así como mi Madre nos mantenía en nuestra mansión; al final el "Abogado de la Santa Aureola" no era tan santo después de todo, él sabía esto y vivió casi 21 años con este trabajo hasta que ya no pudo soportar más. Al final nunca le gustó la idea de pertenecer a estos actos, pero por amor a mi madre tuvo que aceptarlo, quien también estaba harta de todo este trabajo, no le agradaba para nada tener que enviar paquetes de un lado a otro con el temor de ser descubierto por la policía. Eso era lo que notaba a mi edad, en ese tiempo tenía 17 años.

No fue harta el 19 de diciembre del 1998 cuando mi padre llevó en custodia a mi tío, el jefe de los narcotraficantes, conocido como el "Dedo negro" para mandarlo a prisión por sus actos del tráfico de drogas, todo en la corte iba bien, mi madre y hermano estábamos en la primera fila en el lado donde mi padre se encontraba, mientras que el resto de mi familia viéndonos con odio y despreció estaba al otro lado, no había sonido en ese lugar más que al juez y los abogados. Todo estaba tan silencioso, era un ambiente tan hostil, no me agradaba lo que sentía en ese momento, no tenía pensado un buen final para el caso... pero no pasó eso, al menos no en ese momento. El caso había acabado y mi padre había ganado; Ahora con el jefe de los traficantes en prisión su pesadilla acabaría, o al menos eso fue lo que se pensó.

Ya se hacía de noche y estábamos por llegar a la casa, era el mismo día de la gran victoria de papá. A lo lejos vimos carros estacionados en el jardín de nuestra casa, algo sospechoso algo que nos asustó a todos nosotros, ahora era más que obvio que no iba a ser una fiesta sorpresa, pues los carros eran de los integrantes del grupo de traficantes de mi tío, conocido como "The finger crew". Sin importar esto mi padre era una persona de buenas palabras, preferiría hablar con un terrorista que apuntarle con un arma, así que él salió del carro para entrar a la casa, mi mamá también fue y nos dijo que nos quedaramos ahí, ahora que lo pienso era que le hagamos caso, era que nos quedemos en el carro, mi hermano y yo. Pero no pudimos hacerle caso a mi madre, simplemente no pudimos, la curiosiedad nos ganó. Bajamos del auto para ver que pasaba en la casa, y fue ahí donde vimos a un grupo de personas enmascaradas que habían golpeado a mi padre. Él estaba en el suelo, parecía muerto pero solo estaba inconsciente, lo sé porque podía ver a su cuerpo respirando. de repente había entrado mi madre y vimos como uno de los traficantes se le acercó a mi madre para golpearla o quizá matarla; pero mi madre era lista, ella había llevado con ella un cuchillo para herir a cualquie ladrón que estuviese por ahí, así que sacó su cuchillo e intentó cortar al ladrón sin matarlo, y en parte lo logró, aunque a su vez falló, ya que no era un golpe totalmente grave como para detenerlo, el cuchillo simplemente había cortado una parte de su dedo gordo de la mano derecha, después de eso escuché una voz... Alguien nos había pillado... A los días siguiente desperté en un hospital, en el día de Navidad con solo pocas fracciones de lo que había pasado, no recuerdo más de ese día, qué le pasó a mis padres y dónde estaba mi hermano?, eran las preguntas que más frecuentemente me había hecho, las enfermeras me dijeron que sólo me habían visto a mi sangrando en medio de la calle...

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